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Libros de Herencia Familiar

Honrando la memoria a través de los libros. Le ayudo a decidir qué hacer con la colección de su ser querido — con respeto y sin prisa.

Llame cuando esté listo — 702-496-4214

Somos de Albuquerque — el código de área solo viajó con nosotros.

Sin prisa · Con respeto · Evaluación gratis

5★ Google · 5445 Edith Blvd NE, Unit A, Albuquerque · Josh Eldred, dueño

Entiendo lo que está pasando

Me llamo Josh Eldred. Dirijo el New Mexico Literacy Project aquí en Albuquerque, y durante los últimos años he recogido libros de cientos de hogares en todo Nuevo México. Muchas de esas recogidas han sido en casas donde alguien acaba de fallecer, donde una familia está limpiando la casa de un padre o una abuela, o donde simplemente llegó el momento de soltar lo que ya no cabe en la vida.

Quiero que sepa algo antes de seguir leyendo: entiendo que esto no se trata solamente de libros.

Un libro con el nombre de su abuelo escrito en la primera página no es un objeto cualquiera. Un libro de cocina con recetas escritas a mano en los márgenes no es solo un libro de cocina — es la voz de alguien que ya no está. La biblia familiar con los nombres y las fechas de nacimiento de tres generaciones no es simplemente un libro religioso. Es un documento de la historia de su familia.

Yo sé esto porque lo he visto. He estado en esas casas. He visto a personas abrir un libro y encontrar una tarjeta de cumpleaños olvidada entre las páginas, y quedarse en silencio un rato largo. He visto a hijos adultos descubrir libros que no sabían que sus padres leían. He visto a familias reírse al encontrar un libro de texto del cuarto grado con los garabatos de cuando eran niños.

Cada colección de libros es un retrato de la persona que la construyó. Y cuando esa persona ya no está, esos libros se convierten en algo más que papel y tinta. Se convierten en la última conversación silenciosa que usted puede tener con esa persona.

Por eso, cuando me llama una familia para hablar sobre los libros de un ser querido, lo primero que digo siempre es lo mismo: no hay prisa. No hay ninguna prisa.

También quiero que sepa esto: yo no soy un desconocido que llega, carga cajas y se va. Cuando entro a la casa de su ser querido, entro con respeto. Me limpio los zapatos. Hablo en voz baja. Si usted quiere contarme sobre la persona que vivía ahí, le escucho. Si prefiere que trabajemos en silencio, trabajamos en silencio. He aprendido que cada familia necesita algo diferente en ese momento, y mi trabajo es adaptarme a lo que usted necesita, no al revés.

He tenido familias que me ofrecen café y nos sentamos a platicar una hora antes de siquiera mirar un libro. He tenido familias donde los hermanos no se ponen de acuerdo sobre qué hacer, y mi presencia ayuda porque soy una voz neutral que puede dar información sin tener interés emocional en la decisión. He tenido familias donde la persona que me llama está sola en todo esto — sin hermanos, sin primos cercanos, sin nadie que le ayude a cargar las cajas — y lo que más necesita en ese momento es simplemente que alguien llegue y le diga: "Yo me encargo de esto. Usted descanse."

Sea cual sea su situación, estoy aquí para ayudar. Sin juicio, sin prisa, sin presión.

Los libros de la familia tienen historia

En Nuevo México, y especialmente en las familias hispanas que han vivido aquí por generaciones, los libros de la casa son algo especial. No son simplemente cosas que alguien compró en una tienda. Son capas de historia familiar que se acumularon a lo largo de décadas — a veces de un siglo o más.

He entrado en casas en el South Valley, en los Ranchos de Albuquerque, en Bernalillo, en Las Vegas y en Socorro, donde los libros cuentan la historia completa de una familia sin que nadie tenga que decir una palabra. En un solo librero usted puede encontrar la biblia que la bisabuela trajo de México. Al lado, un misal en latín de antes del Concilio Vaticano Segundo. Después, los libros de texto que los hijos usaron en la escuela pública en los años sesenta — cuando a muchos les prohibían hablar español en el recreo. Y arriba de todo, los libros de colorear de los nietos.

Cada estante es un mapa del tiempo.

He encontrado libros de cocina donde las recetas originales están impresas en inglés, pero alguien escribió las medidas en español al lado. He encontrado novelas de bolsillo de Carlos Fuentes y Octavio Paz con los párrafos favoritos subrayados en lápiz, décadas después todavía visibles. He encontrado cuadernos de escuela de los años cuarenta donde un niño practicaba la letra cursiva, y al lado del cuaderno, la enciclopedia que los padres compraron a plazos para que ese niño pudiera estudiar.

A veces encuentro libros de la iglesia — himnarios, catecismos, devocionarios — con estampitas de santos entre las páginas. Estas estampitas muchas veces tienen fechas de bautismo, primera comunión, confirmación. Son registros familiares que ningún otro documento tiene.

También he encontrado colecciones sorprendentes: un ranchero en Belén que tenía una colección completa de libros sobre astronomía. Una abuelita en Barelas que tenía tres estantes de novelas de misterio en español, todas perfectamente organizadas por autor. Un veterano en el Northeast Heights que guardaba cada libro que le enviaron sus hijos desde que se fueron a la universidad.

Estos libros son una ventana a quién era esa persona — qué le interesaba, qué soñaba, qué le preocupaba, qué le daba alegría. Y cuando la familia me invita a ver la colección, yo siempre me tomo el tiempo de escuchar las historias que vienen con los libros. Porque los libros son el punto de partida, pero las historias son lo que realmente importa.

Algo que he notado en las familias nuevomexicanas es que los libros muchas veces están en dos idiomas. El español y el inglés coexisten en el mismo librero, a veces en el mismo estante. Una novela de Gabriel García Márquez al lado de un western de Louis L'Amour. Un diccionario español-inglés con las páginas gastadas de tanto uso. Un libro de poesía de Pablo Neruda con una dedicatoria en inglés de alguien que se lo regaló en Navidad hace cuarenta años. Esa mezcla de idiomas cuenta una historia en sí misma — la historia de una familia que vivió entre dos mundos, que navegó entre dos culturas, que hizo de Nuevo México su hogar precisamente porque aquí podían ser las dos cosas a la vez.

Cuando veo esos libreros bilingües, veo la historia de Nuevo México en miniatura. Y entiendo por qué puede ser tan difícil abrir esas puertas del librero y empezar a sacar libros. No está sacando objetos — está tocando recuerdos. Y eso merece tiempo, cuidado y respeto.

No tiene que decidir todo hoy

Esto es lo más importante que puedo decirle: no tiene que hacer nada ahora mismo. Si acaba de perder a alguien, si está en medio de limpiar una casa, si está tratando de organizar todo mientras trabaja y cuida a su propia familia — los libros pueden esperar.

He trabajado con familias que me llamaron al día siguiente del funeral. He trabajado con familias que me llamaron un año después. Ambas situaciones están perfectamente bien. No hay un plazo. No hay una fecha límite. Los libros han estado en esa casa por décadas — pueden esperar unas semanas o unos meses más.

Lo que sí le sugiero, si tiene la oportunidad, es esto: antes de que alguien empiece a meter libros en cajas sin mirarlos, tómese un momento. Aunque sea una hora. Camine por los libreros. Abra los libros que le llamen la atención. Revise las primeras páginas — ahí es donde la gente escribe su nombre, donde pegan recortes, donde guardan fotos y cartas. He visto fotografías de los años treinta caer de libros que nadie había abierto en medio siglo. He visto certificados de nacimiento, cartas de amor, billetes de avión de un primer viaje.

No quiero que pierda esas cosas. Son irreemplazables.

Si necesita que alguien venga a ayudarle a revisar la colección, puedo hacerlo. Si prefiere hacerlo usted solo, o con su familia, también está bien. Yo puedo venir después, cuando haya separado lo que quiere guardar. Y si cambia de opinión sobre algo que ya apartó para donar, no hay ningún problema — lo regresamos a su pila.

También puedo venir más de una vez. No tiene que resolver todo en una sola visita. He ido a la misma casa tres y cuatro veces, conforme la familia va encontrando más libros en clósets, en el garaje, en cajas que todavía no habían abierto. Cada visita es sin costo y sin compromiso.

Lo único que le pido es que no tire los libros a la basura. Aunque le parezca que no valen nada, muchas veces sí tienen valor — o para alguien que los quiere leer, o para una escuela que los necesita, o como material de reciclaje si ya no se pueden usar. Siempre hay una opción mejor que el basurero.

Una cosa más sobre el tiempo: a veces la familia necesita hacer una primera pasada emocional y una segunda pasada práctica. La primera vez que abre los libreros, todo le va a traer recuerdos. Es normal. Es sano. Déjese sentir lo que necesita sentir. Después, cuando esté listo — puede ser días o semanas más tarde — haga una segunda pasada con ojos más prácticos. ¿Qué quiero conservar? ¿Qué puedo soltar? ¿Qué necesito preguntarle a mi hermana antes de decidir? En esa segunda pasada es cuando yo puedo ser más útil, porque puedo darle información concreta sobre lo que tiene.

Y si hay libros que no quiere ni conservar ni donar — por ejemplo, libros que pertenecían a alguien con quien la relación era complicada, o libros que simplemente le causan dolor — eso también está bien. No tiene que explicarme nada. Solo dígame qué quiere que haga y lo hago. Sin preguntas.

Cómo identificar libros valiosos en la colección

Muchas personas se sorprenden al saber que entre los libros de su ser querido puede haber algunos con verdadero valor monetario. No es la mayoría — seré honesto, la gran parte de los libros usados tienen un valor modesto. Pero de vez en cuando, entre cientos de libros comunes, aparece uno que vale la pena.

Estos son los tipos de libros que busco cuando evalúo una colección heredada:

Primeras ediciones. Si un libro es la primera impresión de una obra que se hizo famosa después, puede tener un valor significativo. Busque la frase "First Edition" o "Primera Edición" en la página de derechos de autor. A veces la diferencia entre una primera edición y una reimpresión es la diferencia entre un libro que vale mucho y uno que vale poco.

Libros firmados por el autor. Una firma auténtica del autor en la portada o en la primera página puede aumentar considerablemente el valor de un libro. En Nuevo México tenemos una tradición rica de autores locales — Rudolfo Anaya, Tony Hillerman, John Nichols, Denise Chávez — y muchos de ellos firmaban libros en eventos locales. Si su familia tenía conexión con la comunidad literaria de Nuevo México, vale la pena revisar.

Libros sobre Nuevo México y el Suroeste. Esta es una categoría especial. Libros de historia regional, libros sobre los pueblos indígenas, guías del Camino Real, libros sobre la Ruta 66, arquitectura de adobe, cocina nuevomexicana — todo esto tiene un mercado de coleccionistas activo. Especialmente si son ediciones antiguas con fotografías originales.

Libros de arte. Los libros grandes de arte — catálogos de museos, monografías de artistas, colecciones de fotografía — pueden tener un valor alto, especialmente si están en buena condición. Los libros sobre artistas del Suroeste como Georgia O'Keeffe, R.C. Gorman, o Fritz Scholder son particularmente buscados.

Libros antiguos en español. Libros publicados en México o España antes de 1950 pueden tener valor, especialmente si son de literatura, historia, o religión. He encontrado ediciones del siglo diecinueve en casas de familias que ni siquiera sabían que los tenían.

Libros infantiles clásicos. Los libros para niños de los años cuarenta, cincuenta y sesenta — sobre todo los que tienen ilustraciones originales — pueden ser valiosos. Las ediciones originales de Dr. Seuss, de los Little Golden Books, o de libros infantiles en español de esa época tienen demanda entre los coleccionistas.

Mapas y documentos. A veces entre los libros encuentro cosas que no son libros — mapas antiguos de Nuevo México, planos de propiedades, documentos de concesiones de tierras, registros de acequias. Estos documentos pueden tener un valor histórico enorme, especialmente si están relacionados con las mercedes de tierra o con la historia de las comunidades rurales de Nuevo México. Si encuentro algo así, se lo comunico de inmediato.

Cuando vengo a evaluar una colección, reviso cada libro. No me lleva tanto tiempo como parece — después de años haciendo esto, puedo identificar rápidamente qué libros merecen una investigación más detallada. Y le informo de todo lo que encuentro, con toda honestidad. Si un libro tiene valor, se lo digo. Si no lo tiene, también se lo digo. Usted merece información clara para tomar buenas decisiones.

Algo importante: nunca voy a subestimar el valor de un libro para beneficiarme. Eso iría en contra de todo lo que represento. Si encuentro algo valioso entre los libros de su familia, usted lo va a saber. Le explico qué es, por qué tiene valor, y le doy la oportunidad de decidir qué quiere hacer con él. Mi reputación depende de ser honesto, y en una comunidad como Albuquerque, la reputación lo es todo.

El proceso — paso a paso

Quiero que sepa exactamente cómo funciona esto, porque sé que cuando uno está pasando por una situación difícil, la incertidumbre lo hace todo más pesado. Aquí no hay sorpresas. Todo es transparente.

Paso 1: Usted me llama o me manda un mensaje cuando esté listo.

No cuando yo diga, no cuando un plazo lo obligue — cuando usted esté listo. Mi número es 702-496-4214. Puede llamar, mandar un texto, o dejar un mensaje. Le respondo personalmente, no una máquina, no un empleado. Yo, Josh. Si prefiere mandarme un correo, mi dirección es jseldred@gmail.com. Platíqueme la situación con las palabras que quiera. No tiene que explicar nada que no quiera explicar.

Paso 2: Programamos una visita a su conveniencia.

Yo me adapto a su horario. Si solo puede los sábados por la mañana, ahí estoy el sábado por la mañana. Si necesita que venga cuando cierto familiar esté presente para ayudar a decidir, esperamos a que esa persona pueda estar. Si la casa está en otra parte del estado — en Las Cruces, en Santa Fe, en Taos — puedo coordinar un viaje. Lo importante es que el momento sea el correcto para usted y su familia.

Paso 3: Revisamos la colección juntos, o yo solo — como usted prefiera.

Hay familias que quieren estar presentes durante toda la revisión. Quieren ver cada libro, contar historias, decidir sobre cada uno. Eso me parece perfecto — me encanta escuchar las historias. Otras familias prefieren darme la llave y decirme: "Josh, llévese lo que quiera, menos las biblias." Eso también está bien. Y hay de todo en medio. Usted decide cuánto quiere participar.

Paso 4: Le informo lo que encontré.

Si encuentro libros con valor potencial, se lo digo. Le explico por qué creo que tienen valor y le doy opciones. Usted puede quedárselos, puede venderlos por su cuenta, o puede dejar que yo los incluya en mi operación. Sin presión. La decisión es suya y tiene todo el tiempo del mundo para tomarla.

Paso 5: Me llevo lo que usted esté listo para soltar.

Yo hago todo el trabajo físico. Empaco los libros, los cargo, los transporto. Usted no tiene que cargar nada. Si hay libros pesados en estantes altos, si hay cajas en el garaje que pesan mucho, si hay libros en el sótano — yo me encargo. Y si en el último momento decide que quiere quedarse con unos libros más, los sacamos de la caja y ya. Sin problema.

Qué pasa con los libros que se lleva Josh

Creo que es importante que usted sepa a dónde van los libros de su ser querido. No desaparecen en un vacío. Cada libro tiene un destino, y quiero ser completamente transparente sobre cómo funciona mi operación.

Cuando llego con los libros a mi almacén en 5445 Edith Blvd NE aquí en Albuquerque, los divido en tres categorías:

Libros con valor de reventa. Estos son los libros que vendo en línea o a través de libreros locales. Los ingresos de estas ventas son los que mantienen mi operación funcionando — pagan la gasolina de la camioneta, el alquiler del almacén, y me permiten seguir ofreciendo el servicio de recogida gratis. Soy una empresa con fines de lucro, y quiero ser honesto sobre eso. No soy una organización de caridad, soy una persona que encontró la manera de ganarse la vida haciendo algo que beneficia a la comunidad. Cada libro que vendo me permite recoger más libros de más familias.

Libros para escuelas y bibliotecas. La mayoría de los libros que recojo no tienen un valor alto de reventa, pero están en buena condición y alguien los puede leer y disfrutar. Estos van a escuelas públicas, bibliotecas comunitarias, centros de lectura para niños, y organizaciones que trabajan con familias en Nuevo México. Me da una satisfacción enorme saber que el libro que una abuelita en los Duranes leyó hace treinta años ahora está en las manos de un niño en la South Valley que está aprendiendo a leer.

Reciclaje responsable. Los libros que ya están demasiado dañados para leer — con moho, con daño de agua, con páginas rotas — se reciclan. No los tiro a la basura. El papel se recicla y vuelve a tener una vida útil. Nada se desperdicia si puedo evitarlo.

Muchas familias me han dicho que les da paz saber que los libros de su ser querido siguen circulando. Que no terminaron en un basurero o en un contenedor de basura en la banqueta. Que alguien más los está leyendo, o que al menos sirvieron para mantener un servicio que ayuda a otras familias. Eso me importa mucho.

Para familias que no viven en Albuquerque

Esto es algo que veo todo el tiempo: los papás vivían en Albuquerque toda la vida, pero los hijos se fueron hace años. Ahora viven en Denver, en Phoenix, en Dallas, en California. Papá o mamá falleció, y ahora los hijos tienen que venir a limpiar la casa desde lejos, con días de vacaciones limitados y un millón de cosas que resolver al mismo tiempo.

Si esta es su situación, quiero que sepa que trabajo con familias en esta circunstancia constantemente. No es la excepción — es una de las situaciones más comunes que manejo.

Así es como funciona normalmente:

Usted me llama antes de su próximo viaje a Albuquerque. Me dice cuándo va a estar aquí y cuánto tiempo tiene disponible. Yo programo la recogida para cuando usted pueda estar presente, o si prefiere, puedo coordinar con quien tenga las llaves de la casa — un vecino, un familiar que todavía vive aquí, el agente de bienes raíces.

Si usted solo va a estar un fin de semana, puedo ir el sábado temprano para que tenga tiempo de revisar los libros conmigo y luego seguir con todo lo demás que tiene que hacer. Si ya revisó la casa en un viaje anterior y sabe que quiere que me lleve todo, puedo ir cuando usted ya no esté — solo necesito acceso a la casa.

También puedo mandarle fotos por mensaje de texto de lo que encuentro. Si veo un libro que creo que tiene valor sentimental o monetario, le tomo una foto y se la mando antes de tomar cualquier decisión. Así usted puede decidir desde Denver o desde donde esté, sin tener que estar presente físicamente.

He trabajado con familias que viven tan lejos como Nueva York y Washington. La distancia no es un problema. Lo que importa es la comunicación, y yo me comprometo a mantenerle informado de cada paso.

Sé lo difícil que es manejar todo esto a distancia. Usted está tratando de coordinar con el agente de bienes raíces, con la compañía que va a limpiar la casa, con los hermanos que tienen opiniones diferentes sobre qué hacer con las cosas de mamá o de papá. Los libros son solo una parte del rompecabezas, pero pueden ser la parte más emotiva. Yo le quito esa preocupación de encima. Me encargo de los libros con el mismo cuidado que tendría si fueran los libros de mi propia familia.

Si está organizando la limpieza de una casa en Albuquerque desde otro estado, llámeme temprano en el proceso. Así puedo coordinar con todo lo demás que está pasando y no convertirme en un obstáculo más. Soy flexible con los horarios y entiendo que su tiempo aquí es limitado y valioso.

Libros religiosos y biblias familiares

Quiero dedicar esta sección específicamente a los libros religiosos, porque en las familias de Nuevo México, estos libros ocupan un lugar especial. No son solo literatura — son objetos de fe, de tradición, de conexión con los antepasados.

La biblia familiar es probablemente el libro más importante de la casa. En muchas familias hispanas y angloamericanas de Nuevo México, la biblia de la familia es donde se registraron los nacimientos, los bautismos, los matrimonios y las muertes. Antes de que existieran los registros civiles como los conocemos hoy, la biblia era el registro oficial de la familia. He encontrado biblias con anotaciones que se remontan a los años mil ochocientos — documentos genealógicos de un valor incalculable.

Si la familia tiene una biblia con estos registros, le ruego que no la done ni la tire. Es un tesoro genealógico. Si no la quiere conservar en la familia, existen organizaciones como la Sociedad Genealógica de Nuevo México que pueden digitalizarla y preservar esa información para siempre. Yo puedo ayudarle a hacer esa conexión.

Además de las biblias, muchas familias tienen devocionarios, misales, libros de oraciones, catecismos y colecciones de estampitas religiosas. Algunos de estos libros son valiosos por su antigüedad — un misal en latín de antes de 1960, por ejemplo, tiene valor para coleccionistas de libros religiosos. Un catecismo en español del siglo diecinueve es un documento histórico.

Pero más allá del valor monetario, estos libros tienen un valor espiritual que yo respeto profundamente. Cuando recojo libros religiosos, los manejo con cuidado. No los mezclo con la pila general. Los reviso por separado, busco registros familiares dentro de ellos, y le informo lo que encuentro.

Los libros religiosos que están en buena condición y que la familia decide donar van a parroquias, capillas y grupos de oración que los necesitan. Los himnarios pueden ir a coros de iglesias pequeñas que no tienen presupuesto para comprar nuevos. Los devocionarios pueden ir a residencias de ancianos donde los residentes los usan diariamente. Siempre busco el destino más respetuoso posible.

Si tiene dudas sobre qué hacer con los libros religiosos de su familia, llámeme. Puedo ir a verlos sin compromiso y darle mi opinión honesta sobre qué tiene valor histórico, qué tiene valor sentimental, y qué se puede donar a una buena causa. La decisión final siempre es suya.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo tengo para decidir qué hacer con los libros?

Todo el tiempo que necesite. No hay prisa. He trabajado con familias que me llaman meses o incluso un año después de la pérdida. Cuando usted esté listo, yo estoy disponible. No hay una fecha límite ni un plazo que tenga que cumplir. Los libros han esperado en esa casa por décadas — pueden esperar un poco más.

¿Cobra por venir a evaluar los libros?

No. La evaluación inicial es completamente gratis. Vengo a su domicilio, reviso la colección con usted o sin usted según prefiera, y le doy una idea honesta de lo que hay. No hay ningún compromiso. Si después de que yo vea los libros usted decide que no quiere donar nada, está perfectamente bien. No me debe nada.

¿Qué pasa con los libros que no tienen valor monetario?

Los libros en buena condición van a escuelas, bibliotecas comunitarias y organizaciones de alfabetización aquí en Nuevo México. Los que no se pueden reusar se reciclan responsablemente. Nada termina en el basurero si puedo evitarlo. Me importa que cada libro tenga un destino digno.

¿Puedo quedarme con algunos libros y donar el resto?

Por supuesto. De hecho, siempre le animo a que se quede con los libros que tengan significado personal para usted y su familia. Tómese el tiempo de revisarlos. Abra las primeras páginas, revise si hay fotos o documentos guardados entre las hojas. Yo me llevo solamente lo que usted decida soltar. Y si después de que yo me vaya recuerda un libro que quería guardar, llámeme — si todavía lo tengo, se lo regreso.

Vivo fuera de Albuquerque — ¿pueden ayudarme a distancia?

Sí. Trabajo con muchas familias que viven en otros estados pero tienen la casa de sus padres en Albuquerque. Puedo coordinar la recogida alrededor de sus visitas, trabajar con la persona que tiene acceso a la propiedad, o ir cuando usted esté aquí de visita. También puedo mandarle fotos de lo que encuentre para que usted decida desde donde esté.

¿Cómo sé si algún libro de la colección tiene valor?

Yo reviso cada libro personalmente. Busco primeras ediciones, firmas de autor, libros sobre Nuevo México y el Suroeste, libros de arte, y ediciones antiguas que pueden tener valor en el mercado de coleccionistas. Le informo de todo lo que encuentre antes de tomar cualquier decisión. Si un libro tiene valor potencial, usted es el primero en saberlo.

¿Qué hace con las biblias familiares y libros religiosos?

Los trato con el máximo respeto. Las biblias familiares con registros genealógicos son documentos históricos — le ayudo a identificar su valor y le conecto con organizaciones que pueden digitalizar esa información si usted quiere. Los libros religiosos en buena condición van a parroquias y grupos de oración que los necesitan. Nunca descarto un libro religioso sin consultarle primero.

¿Cuántos libros necesita haber para que venga a recogerlos?

No hay mínimo. He recogido desde una sola caja hasta garajes enteros llenos de libros. Lo que tenga, vale la pena el viaje. Si usted necesita ayuda con los libros de su ser querido, la cantidad no importa. Yo voy.

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Cuando esté listo, aquí estoy

No tiene que tener todo resuelto para llamarme. Puede llamar solo para platicar sobre la situación. Puede llamar con preguntas. Puede llamar cuando esté listo para programar una visita. No hay una forma incorrecta de empezar esta conversación.

Josh Eldred · New Mexico Literacy Project · Albuquerque, NM

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